Carta mensual de Catherine Meredith
«El arte de sostenerme con estilo»
Vol. 2 – Mayo
Era un lunes cualquiera.
Como cada día: conectada, a mil por hora.
WhatsApp por responder.
Posts a medio subir.
Y esa sensación de que, si paraba un segundo, todo se desmoronaría.
Otra vez, sin tiempo.
Y entonces, todo —maravillosamente— se apagó.
En un segundo.
Sin aviso.
Sin Wi-Fi.
Sin router.
Todo OFF.
Mientras el pánico buscaba explicaciones (“¿ciberataque?”, “¿fallo eléctrico?”, “¿guerra nuclear?”), yo, curiosamente, me sentí en paz.
Como si el mundo me susurrara:
“Tranquila. Hoy no tienes que sostenerlo todo.”
Y sonreí.
Porque a veces —solo a veces— el silencio es magia.
La calma, en un mundo hiperconectado, es un lujo revolucionario.
Había un silencio tan profundo que parecía prestado de otra época.
Busqué una vela.
Encendí un transistor antiguo.
Salí a la terraza.
Y entonces ocurrió lo inesperado.
No estaba sola. Nadie lo estaba.
Vecinos que nunca se saludaban comenzaron a hablar.
Uno bajó con una manta. Otra trajo un juego de cartas.
Alguien sintonizó la radio.
Y sin enchufes, sin pantallas, sin nada planificado…
volvimos a conectar.
No teníamos luz. Pero teníamos humanidad.
Risas sin AirPods.
Miradas sin filtros.
Conversaciones sin fondo de pantalla.
Y eso… eso no lo venden en Amazon.
Leí después que “el apagón fue una llamada a construir una sociedad más real y conectada con lo esencial.”
Y pensé:
Hoy he aprendido otra forma de sostenerme con estilo, conectando con lo esencial, sin necesidad de enchufe…y que lo más valioso no se descarga, sino que se toca, y se siente.
Firmado:
Una abeja con menos baterías en casa, pero más auténtica.
Catherine Meredith
Sígueme en Instagram: @catherine_meredith
[Carta del mes anterior: «¿Manifestar realmente funciona»?]
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